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Que la ambición no se convierta en codicia

 No encerrarnos en una zona de confort puede depender de nuestras ambiciones personales. Movernos para convertir los sueños en realidad y siempre tener nuevos puede ser una excelente ruta de felicidad. Lo difícil es no pasar la fina línea que separa la ambición de la codicia, donde hacemos lo impensable por conseguir lo deseado…

Regreso un poquito, fíjese que dije “ruta de felicidad” y no “ruta a la felicidad”. Muchos buscan la felicidad y no se dedican a vivirla. Quieren alcanzar metas y al llegar a ellas salen corriendo para la próxima, sin tiempo para disfrutar lo logrado. Mi primera sugerencia es que piense el trabajo que le dio llegar a donde está, tener lo que consiguió… prefiero disfrutar lo que logré porque fueron sueños, los que ahora son realidad.

No es que dejaré que los siguientes sueños se queden sin vivirlos, es que quiero disfrutar de lo alcanzado… y también del camino a los próximos logros. De otra manera, viviría inconforme con la vida: lleno de frutos, pero sin el disfrute.

Ambicionar es lindo, codiciar es nocivo. Cuando pensamos en hacer cosas que van en contra de las normas acordadas por la sociedad en la que elegimos vivir, o contra los valores más fáciles de entender, entonces es hora de cuestionar nuestra actuación y el fin que perseguimos.

Hoy las empresas se rigen por códigos de ética y por objetivos puntuales. En muchas ocasiones me pregunto si llegar a algunos objetivos es más importante que respetar la vida de los que ayudan a lograrlos. Crecimientos y rendimientos extraordinarios a costa de la destrucción de hogares no es lo que llamaría ético, todo por la codicia empresarial.

No es sano tener que pasar una gran cantidad de horas en la empresa y las noches en preocupación, con tal de conseguir el objetivo cada vez más ambicioso (¿o debería decir codicioso?) de la empresa.  No vemos a nuestros hijos a las horas adecuadas, como cuando tienen una competencia deportiva o una presentación de significado para ellos. No los acompañamos en su crecimiento moral y emocional. No podemos ser guías si no estamos. Lo “bueno” es que al final obtenemos un buen salario y regalías, y los podemos llevar a comer, a un viaje o enviarlos a un buen colegio, donde le darán una excelente educación… perdón, donde le darán una buena capacitación, la educación se da en casa, donde los padres muchas veces brillan… pero por su ausencia.

¿Dónde inicia la codicia? En la empresa, en la casa, en la sociedad… Buscaremos la culpa en todos lados. Pienso que debemos dedicarnos a ver qué podemos hacer, dónde está nuestra responsabilidad, a dónde pretendemos llegar. Esto de medirnos en dinero, tanto las empresas como las personas, es demasiado peligroso. Como explico en mi libro Alcanza la Cumbre el dinero tiene un gran inconveniente, su calidad se mide por su cantidad.

Cada quien debe analizarse para ver si está siendo codicioso; darse cuenta de si está destruyendo vidas y familias por exigir a sus colaboradores actuaciones cuyo fin es alimentar su codicia; medir si lo que quiere alcanzar es demasiado, llevándolo a ser incoherente con los principios de su sociedad y sus guías espirituales. Somos todos responsables, directa o indirectamente, de lo que es nuestra sociedad; cada cual debe decidir y colocar su camión de arena para construir una mejor sociedad, cimentar bien su familia y ser un individuo coherente y de bien.

FRASE DE LA SEMANA

“La codicia me indica el camino errado, mientras la ambición me mantiene fuera de la zona de confort”
Diego A. Sosa
Coach, Conferencista, Consultor y Escritor

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